* dícese del temor irracional a las palabras largas. No debe por tanto confundirse con el miedo provocado por los packs grandes del conocido juego de bloques
Pensar que en algún otro tiempo, hace no mucho, hubiese sido digno de ciencia ficción. Pensar, ese es de hecho el problema…
Este es un pedido de auxilio. Ignoro si habrá alguien en el mundo que pueda leerlo, no tenemos datos de lo que sucede en el resto del mundo. Tal vez nuestra situación sea la misma en todas partes, no tengo forma de saberlo. Y de cualquier forma, me queda aún por resolver la cuestión de cómo hacer público este mensaje sin que me encuentren, pero ya pensaré en eso más adelante.
Estoy dando muchas vueltas. Tal vez porque no sé cómo expresar esto -tan común para nosotros y tan absurdo si no fuese real- sin ser tomado por loco. La cuestión es la siguiente: Bajo la fachada hipócri… falsa (Ufff… ¡casi se me escapa! No debe volver a ocurrir) de una sociedad feliz, vivimos en la peor tiranía que la historia haya visto. ¡Ay de los ingenuos que piensen que hablo de falta de libertad de opinión! Estoy hablando de la ausencia total de libertad para pensar.
No sé cómo llegamos a esta situación, no creo que nadie lo sepa. Puedo hablar tan sólo de cómo vivimos hoy.En Valle (supongo que nuestra ciudad alguna vez habrá tenido un nombre más complejo, pero, como es lógico, ese nombre ya nadie lo recuerda) no se permite pensar en demasía. Quienes gobiernan (nadie los ha visto nunca) impulsan el slogan “pensá simple”, y esta consigna inunda nuestra ciudad, se repite en afiches, lugares públicos, en las calles, en las plazas, taladra, taladra, y así, inunda y se repite en nuestras cabezas.
De más está decir que quienes no acatan, quienes se rebelan, quienes deciden desafiar al régimen o quienes se animan a pensar mucho son borrados del mapa, como si de 1984 se tratase. De hecho, esta situación tan terrible no dista mucho del relato de Orwell… Aquí no hay un Gran Hermano a quien amar (insisto, ni siquiera sabemos quiénes son en verdad los que gobiernan, no existen siquiera órganos de gobierno que se conozcan, podrían incluso ser marcianos que lo mismo daría), y no, no hay tele pantallas (pronto podrán entender porque lo escribo así): no hace falta controlar lo que hacemos ni importa a quién amemos si logran controlar la manera en que pensamos. Pero fuera de esto, el clima general no se aleja tanto… No sería una sorpresa para mí que no dentro de mucho hablemos en neo lengua…
En cuanto al control de lo que pensamos, a decir verdad, mi teoría es que no pueden lograrlo… no existe forma de saber que piensa una persona. Sin embargo, es claro que quienes no “pensaron simple” pagaron por eso; pienso entonces que el control está en lo que se escribe o dice. ¿Que cómo nadie lo pudo deducir? ¡Pero es que queda poca gente capaz de deducir algo! ¡Eso es lo cínico, lo genial del asunto! Tan hondo cala la consigna, el miedo al castigo, que la gente tiene terror de sus propias ideas, las ahuyenta, las rechaza, y ya no hace falta que alguien reprima porque somos nuestros propios guardias (¡he aquí, Max, tu jaula de hierro!). ¿Cómo alguien en este pueblo de idiotas puede pensar en la rebelión cuando no pueden pensar, a secas? Somos tierra fértil para ideas ajenas, nosotros, carentes de ideas propias. “Las ideas duelen”, se les contestó a los pocos que se lograron animar a cuestionar -a poco más se pudieron animar después, supongo se entiende- y me da vergüenza decir que muchos optaron por aceptar este absurdo sin más, y los que no, vivimos en eterno terror de que alguna vez nuestras ideas nos traicionen. Creo que yo logré convivir con el miedo sin perder la cordura tan sólo porque ardo en deseos de hacer algo, de dar el primer paso para terminar con este horror.
Pero me aparté del tema: decía que creo haber logrado deducir cual es el medio para descubrir a quienes se niegan a pensar simple. No pueden registrar todo, cualquiera puede ver que no es posible. Mi opinión es que logran detectar las palabras largas, dichas o escritas, (asumo que tres silabas es el límite, a menos que se trate de palabras muy comunes, pero no puedo más que asumir) y a raíz de eso deben evaluar el resto. Las palabras simples no son canal para las ideas complejas, o al menos eso piensan ellos; tampoco ellos son muy lúcidos. Como sea, he aquí la razón por la que me obligo a mí mismo a respetar este límite, la razón por la que mi texto es pobre y de poco vuelo; espero que quien lea pueda perdonar.
Ahora sólo tengo que resolver como hacer ver al mundo esta, nuestra patética situación y confiar en que alguien nos pueda ayudar. Sólo tengo que… ¡suena la sirena! ¡Me descubrieron! ¿Pero por qué, cómo? Si no escr… ¡Dios! ¡Irónica, “patética” manera de traicionarme a mí mismo, de decretar mi propia muerte! ¡Que al menos no sea en vano, tengo que publicar esto y que alguien ayude a nuestro pueblo de idiotas, de idiotas inducidos, lobotomizados, esclavizados hasta el paroxismo!
Intentaré acceder a la red internacional. Por supuesto, está prohibido, pero… ¡alea jacta est! Yo ya estoy muerto. Creo saber cómo poder conseguir acceso… ¡sí, funciona! Necesito encontrar algún medio masivo al que remitirlo, tal vez este…
No… no, ¡no!... ¡no puede ser, no! ¡No puede ser cierto!
No, no desesperes, puede ser una excepción, seguí buscando, rápido… ¡Dios, no! ¡Es una pesadilla, un sueño amargo! Me resigno a creer que hayan logrado estupidizar al mundo entero, ¡no puede ser cierto! Pero sí, el mismo lenguaje precario, arcaico, aquí y allá. ¡El mundo entero bajo esta tiranía aberrante, inhumana, deshumanizante! Tiene que ser un sueño… y si uno muere en un sueño despierta, ¿no es así? Este es el fin, entonces. El fin sin final.
Del informe policial:
Encontramos a el traidor con disparo en la cabesa y una arma en la mano. Puede que se haya disparado a el mizmo tal vez.
En lo mas profundo de mi cuarto hay una sombra. La silueta ma se ve en la pared y deasparece. Las sombras que restan no tienen vida y el cuarto muere.
La sombra se desprende de mi cuerpo, y sobre las paredes camina sola, inundada de misterio en la busqueda de si misma y alguien más. Se mira alrededor buscando la salida, y comienza el recorrido. Deambula por el fondo, trepa los muebles, esquiva la ventana, salta por la cama, espía en el placar. Da vueltas interminables en las paredes de un cuarto sellado que parece no terminar. Busca por el techo y revuelve por el piso, en busca de una grieta por donde salir. Con cuidado elude la lampara de mesa, no vaya a ser que se la sombra tropieze y la lampara se apague, mejor ni saber que pasará con la pobre sombra solitaria. Ya no hay aliento.
Sombra solitaria, un deseo se ha guardado, mirar al espejo y verse reflejado.
Hundida en la tristeza la sombra desespera, y en la terca espera de que algo magico suceda, parece que su destino es escapar de la gran oscuridad que amenaza con firmeza tragarse la sombra y despertar sin ella. Corre angustiada buscando la salida. Salta, trepa, cae y tropieza, y el rastro del escape esta cada vez mas lejos. - Y Llora- Acostada sobre la sombra de la cama, medita su existencia y olvida su cara. Anhela con ansia volver al cuerpo del que se ha separado e implora a Dios que se apiade de ella. La sombra solitaria espera en silencio, rezando para adentro, y con tristeza en el pecho anhela el encuentro con su cuerpo. "¿Por que me he separado?" Piensa todo el tiempo, pues su unico deseo es tener esencia y tener un encuentro, pues sola ha permanecido y le ha llegado su momento. - La luz parpadea- La sombra toma asiento, y algo le decía, "me queda poco tiempo, deseo compañía"
Llegado el momento de las tribulaciones finales, la sombra busco sus mas finas prendas y las vistió. Tomó la sombra de una copa vacía y esperó parada en el medio del cuarto, esperando su final. La luz ya se extinguía, y la sombra paciente exclamó: "Si hay algo de lo que me arrepiento, es de no haber amado lo suficiente" y levantando la mano, la luz se apagó.
La Luz se reavivó y el cuerpo regreso. La sombra solitaria no quedó, pues alguien a su lado apareció.
Para variar surgió algo! Es un popurri de cosas me fueron pasando. Quien sabe, por ahí la proxima escribo una poesía.
Y con esto cierro el capítulo que acaso al final empezaré: caput, rigor mortis, c' est fini, hasta nunca, never, never more. Qué diablos, no duró nada. AVE VIDA, MORITURI TE SALUTANT. No hay con qué darle. Nací pues en el año 15 después del parto. Sus ojos me dieron a luz, y yo vivo, tan vivo como cuando sonreía suspendido en el líquido amniótico de su voz. Parto natural, dos labios que se encuentran en un incesante alumbramiento, y una placenta de mil dulces palabras que alimentaban nuestro espíritu asido aún al hilo vital. Dos años tardamos en cortarlo, dos años de incesantes escapadas al vacío, y ay, nuestros cordones nos ataban a las dos puntas del abismo, vos en una cabeza de la hambrienta hidra y yo en su talón... pero llegaban esas noches, si la espera se ataviaba del traje de lo eterno, en que la furiosa bestia dormía, su cuerpo enrrollado en esa utópica e imposible unidad que tanto tocábamos con los dedos, y vos me mirabas, y mis tripas hacían lo propio, y se anudaban los cordones que otrora nos apresaran en la cínica distancia... Y volamos, volamos cuando en el anudarnos con furia nos encontramos con nuestras sendas cadenas en la mano y ya marchitas, volamos despedidos por la furia de la bestia, furia umbilical cuando vio que nos había perdido para siempre. Di mis primeros pasos en los tuyos, y los ruidos que juntos balbuceamos fueron mis únicas palabras dignas de ese nombre. Nuestra primer sonrisa a Mamá Vida, ella que jugaba con nosotros, ella que cruelmente nos fajaba para luego musitarnos atonales canciones de cuna, dormidos en el sueño del abrazo (y hoy es sólo en sueños que puedo ver tu rostro, lejos, siempre tan lejos). Y un día viste el rastro del pasado, te miraste el ombligo y recordaste cosas que mejor olvidar, que la clase, y cómo semejante lady y que basta de tanta mugre. Y que no es de su nivel, señorita, usted entiende. Y en el ombligo te perdiste, se hundieron en él tus ojos para sumergirse detrás tu nariz, tu boca, tus brazos, el cuerpo entero, esa perversa espiral que en succión se hunde en sí misma e implota dejando no más que cenizas al viento, cenizas que respiro y me asfixian, detienen mi circulación, ennegrecen mis pómulos y me abra san la garganta, abrasar, y yo que te abrazaba con estas manos, paradojas de la dichosa Mamá Vida que ya de vieja vaya uno a saber a dónde irá a parar, y vos ahí, riendo mientras me quemás desde adentro, sos ceniza, no somos nada decían por ahí, y no, nada, nada me queda por buscar en estas condiciones, Ceniciento pero despachado (de hadas son sólo los cuentos) y de vuelta el maldito cordón pero anudado esta vez en mi garganta, ya podrido y colgando del vacío, absurdo estigma que tu amor mezquino no quiso derrotar, rigor mortis, caput, qué más.
La lluvia que cae sobre mi, discurre por mi armadura y lava la sangre de la espada que hace tiempo permanecía manchada, y frente a esta tumba, también mis lagrimas caen sobre el terreno y lavan el dolor de hace tiempo, que como espina clavada en mi corazón, atormentaba en mis sueños. Y en cuanto pueda moverme me iré, pero ahora solo conservo este momento en mi corazón, aun bien no se como se siente.
La lluvia espesa nubla la visión de este jardín donde yacen tus restos. Los pájaros se refugian bajo algunas ramas, protegiendo los huevos de sus nidos para que no se mojen y no pierdan la vida sus futuros pichones, mientras que otros se refugian bajo las vigas internas de la mansión donde muchas cosas hemos vivido, y no las repetiremos.
¿Por que te fuiste?Los dos sabíamos que no tenías que irte.
Me habías prometido volver, y esta vez no parecía un de esas promesas hechas por un mero cliché, era seria, y todos lo creímos, sobretodo yo. Ya se que solo era un niño y pude haber creído a tus palabras hermano, porque yo creía todo lo que me decías. Eras mi héroe, mi aliado, mi amigo, mi padre, y siento no haber nacido antes y partir contigo, y morir junto a ti, y se que llorar es inútil porque la tristeza no te trae de vuelta, solo me recuerda porque te quería tanto.Hermano, ¿Te hubiera enorgullecido ver como vengué tu muerte?Si solo supiera cual sería tu expresión, esperaría que fuera esa sonrisa que tenías conmigo, como cuando te regalé ese bastón con tu nombre tallado, y si bien los símbolos no eran claros lo usabas siempre cuando salías al mercado, porque no querías que me enojara.
Eras en verdad un gran hermano, paciente, comprensivo y compañero, y se que las escasas veces que te has enojado conmigo era para que entendiera, no por malicia. Como aquella vez en la que me diste una bofetada en la entrada de nuestra casa, y enojado me dijiste que no hablara mal de nuestros padres nunca más. Se que tu extrañabas mucho a papa, y también lamento no haberlo conocido mucho. Solo me quedan vagas imágenes de el jugando conmigo o en su salón de entrenamiento enseñándote a ti y a los demás muchachos.Quiero que sepas que después de mi regreso, los muchachos de la escuela decidieron que sea yo quien herede la escuela de combate, y creo a que se debe que se enteraron como vencí a ese maldito que te mató.Sabes, no fue tan fácil, ni siquiera tomar la decisión de hacerlo, se que en el fondo no lo hubieras aprobado, y sin embargo supe aquella noche en la que hubieras festejado tu cumpleaños, si no hubieras muerto, que ese era mi deber hacia ti y nuestra familia.
Antes de que saliera de viaje llegó ella, tú sabes, la que solía ser tu prometida antes de que partieras. Se que la amabas, me entere ese mismo día. Ella me pidió que no lo hiciera, que la venganza no sanaría nuestros dolores, pues ella no quería que yo también me arriesgara a fallecer como te sucedió. Hablamos un rato y me contó lo que sentías por mí. Lloró y suplico que no me marchara, que no tu no hubiera querido ver mas sangre derramada, no era tu voluntad, y su tristeza no me recordaba a aquella muchacha que solía se antes cuando se la presentaste a nuestra madre, hace años.
En aquel entonces recuerdo, se veía siempre sonriente, y jugaba conmigo también. Me tomo afecto enseguida, y en verdad yo se lo tome también, despues de un tiempo por supuesto, pues en realidad temía que desplazara el lugar de madre, hasta que entendí que no sería así y ella, para mi, se convirtió en una hermana. De hecho nunca olvidaré la vez que de noche asustado después de un mal sueño fui a tu cuarto a buscarte, y te encontré con ella abrazados sin ropas. Ambos se pusieron rojos y se taparon (tarde años en entender que estaban haciendo en verdad), te acercaste apenas cubierto y en vez de retarme, me invitaron a pasar al cuarto, me escucharon, me consolaron hasta que me dormí, y ustedes se durmieron conmigo.
Cuando me despedí de ella en la entrada de casa, su llanto me trajo a la mente aquel día que yo tambien te despedí, creyendo que regresarías, y por un momento me detuve, igual a como vos hiciste, la mire a ella y le dije que regresaría, aunque sea para despedirme una vez mas, pero no antes de vengarme.Y tan solo con salir de casa, cargando con mi armadura, mi espada y mis recuerdos… tantos recuerdos, y si embargo parecen tan pocos una vez pasados, ¿Y a mi de que me sirven?
Esa tarde el monje con traje de luto traía cartas a las casas, la cuales informaban a las familias del fallecimiento de aquel que había partido. Tantas veces paso cerca de casa sin parar, hasta ese día. Madre al verlo dejó caer la escoba, y tímidamente tomo la carta y oí su llanto desde el otro lado de la casa, corrí hacia ella y aun sin leer la carta supe que no cumplirías tu promesa. Pero en verdad no entendía aun lo que realmente había sucedido. El saber que te habías ido era un hecho para mi, pero no podía entender todavía que era para siempre, hasta que en otoño llego el ataúd donde yacía tu cuerpo y en ese momento te empecé a extrañar, a recordar, a llorar, y fueron varios los días que solo pase sin hablar, las noches que casi no dormía, las comidas que no consumía. Te sepultamos junto a nuestro padre, frente al árbol de cerezo en el fondo del jardín. Al poco tiempo parecía que madre había envejecido más rápido, y luego la empecé a ver poco. Se había convertido en una sombra. Sabía yo que ella nunca salía ya que se escuchaba como hacía sus que haceres, y también la oía sollozar algunas noches, e incluso yo mismo en un principio lo dejé todo. Ya no entrenaba, ya no paseaba, ya no pensaba.Y esa tarde de invierno, en el comedor con madre, festejábamos tu supuesto cumpleaños. Madre había cocinado lo que mas te gustaba y sirvió tres platos, uno de ellos frente de tu imagen junto a una vela prendida, y ninguno de los dos habló durante esa cena. Por un instante tuve ganas de llorar, pero sabía que ella no lo aguantaría y se retiraría, y por una vez en varios años pensé, "¿Que haría nuestro padre si viviera?". Lo sentí y me retiré del salón. Y esa noche comencé a entrenar de nuevo dispuesto a hacer lo correcto. Por primera vez sentí una ira incontenible.
Había recién llegado a la salida del pueblo, y sentí que al abandonarlo se perdía una parte de mí, ¿Como te sentiste tú cuando te marchaste? Supongo que orgullo. Servir al país es un gran honor, y pocos son convocados como capitanes para dirigir en combate como paso contigo. En verdad eras un gran guerrero, de eso no hay dudas. Lastima que el mundo nunca mas verá blandir la espada como tú lo hacías, y moverte con la energía que emanabas. Eras un artista en verdad y es raro en verdad entender como falleciste recibiendo una sola cortada en el vientre.Varios meses me tomo cruzar el país, atravesando esos ríos, caminando por montañas, surcando praderas, luchando bandidos, buscando respuestas, y sin embargo de todo lo vivido, nada me enorgullecía más que cumplir mi palabra, y al pisar la arena de esa playa estaba más cerca que nunca de realizar mi cometido. En esa tarde, con el sol llegado a su trayecto final del día, se vislumbraban algunas estrellas en el oriente, y unas nubes provenientes del sur.
Una tarde, mientras entrenaba, se acercó a mi nuestro primos, sí, ese que partió contigo a la guerra. Entró con las lágrimas en los ojos, y una expresión de terror que jamás había visto. Se arrodillo frente a mi, y desesperado me contó la verdad de como habías muerto. Aquel relato fue crucial, sentí realmente que hablaba de ti y ensalzó aun más tu imagen noble ante mí. Me contó de esa noche fatal, cuando discutieron con el y otro oficial sobre atacar una aldea de campesinos para sembrar el pánico a sus enemigos, y que debía empezar con la ejecución de una mujer que había sido capturada cerca del campamento. Supe que la defendiste y ordenaste que la liberaran y que al siguiente día marcharían a su verdadero objetivo, no era tu intención involucrar en la guerra gente sin armas, pero tus ideales te costaron la vida. Al salir de la tienda fuiste atravesado por aquel miserable traidor y su espada, aquel que no supo ver tu grandeza, y nuestro primo que no solo no te ayudo, si no que además colaboró en el gran engaño que desato la masacre de ese pueblo y generó una gran victoria aplastante sobre sus enemigos, que ya permanecían demasiado hambrientos para pelear al recibir el ataque.Cuando finalizó su relato me imploró que lo inmolara, puesto que no merecía vivir, y que la vergüenza lo destruía. Ya no había alcohol lo suficientemente fuerte para hacerlo olvidar ni vicio que le hiciera pasar un buen rato. Solo quería que lo matase y yo solo permanecí inmóvil con los dientes apretados y mis manos en la espada. Pasó un minuto eterno hasta que saco de su tunica el cuchillo y se cortó el vientre y al ver como gritaba y lloraba, lo ayude a terminar con su agonía en aquel instante, aunque si tal vez no hubiera querido hacerlo.
Subí los escalones y abrí la puerta lentamente y al ver en el interior solo vi un hombre enfermo. Me acerqué a el, junto a donde descansaba y me pidió agua. Lo acompañe un par de horas. Le pregunté a que se debía su enfermedad, y sintiendo que no lo quedaba mucho tiempo, me pidió que le dejara contar su vida contar su vida por ultima vez. En verdad mucho no presté atención hasta que contó del día que fue llamado a pelear. Había sido puesto bajo las órdenes de un joven guerrero, al cual confesó tener envidia, a tal punto de asesinarlo para proceder en su camino. En verdad el confesó que en aquél entonces el no comprendía el significado de la grandeza de un hombre. Tiempo despues fue condecorado por su gran victoria en el frente y por una supuesta venganza a tu nombre, y fue invitado a unirse a los altos generales en la capital.
Una noche de invierno tuvo un sueño hermano mío, en aquella noche en la que te asesinó, y que luego tu imagen se hacía enorme y cambiaba. El pedía ayuda y no podía escaparse de ti y que tu rostro tomaba ligeros cambios y una mirada severa. Al despertarse entendió lo grave que había sido su mal. Abandonó la mansión donde vivía, y nunca contó la verdad, pues sabía que de hacerlo toda su familia tendría que suicidarse.Fue a la playa donde enfermó misteriosamente unos meses antes de mi llegada, y nunca paraba de tener ese sueño.
Cuando termino la historia me quité el casco y el paño del rostro, pues en verdad no quería que me viera y al verme sus ojos se engrandecieron y dejaron caer un par de lágrimas, y su expresión era igual a la que tenía nuestro primo antes de morir. Un gran miedo se apoderó de el y lo aplastó, pues no pudo hablar en un principio y solo me señalaba y entendí que aquella imagen diferente del sueño era yo. Dijo que hiciera lo que debía que hacer, pues era lo justo en verdad, y señaló una espada en un rincón diciendo que fue la misma con la que te mató, y que nunca más fue ni lavada ni usada.La tome y me acerqué a el y me senté. Nos miramos un rato y lo hice hermano, hice lo que era justo. Lo perdoné, pues el estaba arrepentido, su mirada lo decía, y yo no quería que falleciera de esta forma, estando enfermó.Me levanté tomando la espada y me marché, y antes de cerrar la puerta me pidió una vez mas que lo matara, que cumpliera mi venganza, a lo cual repuse que esta ya se había cumplido por si sola, que debía cargar ahora con su vida, pues morir era demasiado fácil.Y volví a casa.
La lluvia que cae sobre mi, discurre por mi armadura y lava la sangre de la espada que hace tiempo permanecía manchada, y frente a esta tumba, tambien mis lagrimas caen sobre el terreno y lavan el dolor de hace tiempo, que como espina clavada en mi corazón, atormentaba en mis sueños. Y en cuanto pueda moverme me iré, pero ahora solo conservo este momento en mi corazón, ahora se bien como se siente. Es paz.
Autor: Es un texto que se diría un poco clasico, y me pareció interesante probar a no poner nombres en este cuento. Surgia a medida que escuchaba una melodía muy linda, si me la piden se las paso.
No sabría explicar a ciencia cierta cómo fue que sucedió. Supongo que su ausencia me hizo perder el poco criterio que poseía. Sí, creo que esa fue la razón. Sea como sea, la cuestión es que buscándola, anhelando su presencia, abandoné mi mundo conocido y habiendo recorrido sendas ignotas me encontré a mi mismo perdido en las tierras de la Apatía.
El nombre de aquél lugar había sido siempre para mí un eco lejano, irreal, de pesadillas indescriptibles. Se decía que solo una ínfima proporción de aquellos que se perdían en ese sitio espantoso regresaban alguna vez a sus hogares, y aquellos que lograban hacerlo lo hacían en un estado penoso e irreversible: la desidia los dominaba por completo, carecían de interés alguno por la vida y las cosas de este mundo, y vivían encerrados, perdidos, ya no en aquellas tierras del olvido sino en los recónditos abismos de su propia mente. La muerte era una y mil veces más deseable.
Todos estos recuerdos acudieron prontos a mi mente cuando entendí donde me hallaba. Aún hoy, sin embargo, escapa a mi entendimiento cómo llegue hasta allí, y el recuerdo del camino elude mi memoria.
Ante aquél panorama aterrador que se me presentaba debería haber sentido un susto de muerte, o al menos lo lógico hubiese sido intentar huir lo más raudo posible. Sin embargo, la naturaleza de ese reino anulaba todo sentimiento, lo amortiguaba, acallándolo impiadosamente, y mi propio destino me tenía indiferente. Ignoro cuanto tiempo deambulé sin rumbo por esos parajes desolados, habiendo perdido muy prontamente la esperanza o voluntad de regresar alguna vez.
Sin embargo, súbitamente, su imagen, su recuerdo acudió una vez más (como tantas otras) a mi mente, y entendí que debía regresar. Entenderlo fue sencillo, plasmar ese entendimiento en hechos, no.
No narraré el horror de aquella odisea, el mayor esfuerzo que jamás he realizado. No, no quiero recordar. Nunca me recuperaré por completo del tormento que sufrí, aunque al volver finalmente maltrecho y agobiado a mi hogar, supe que había valido la pena; no porque me importase en demasía el hecho concreto de haber vuelto, sino porque solamente al regresar tomé plena consciencia del horror del que me había salvado por los pelos.
Fui recibido con gran gozo y algarabía; mi hazaña, impulsada meramente por la imagen de a quien yo amaba, era difícil de creer (yo mismo era incapaz de entenderla), nadie jamás había logrado regresar sin perder la cordura. Y aún así, mi ánimo no se condecía con la jovialidad de quienes me rodeaban. Solo deseaba saber de ella, encontrarla.
Así, sin prestarles demasiada atención, por ella pregunté. Me respondieron que había partido hacía poco tiempo, nadie supo decirme adonde, nadie supo responder mis desesperadas súplicas por información. Aún en mi estado lamentable, sin haberme recuperado de mi larga odisea, partí una vez más sin demorarme, para asombro de todos.
La busqué por cielo y tierra, durante largas jornadas, sin ideas claras de cómo proceder, sin rumbos concretos. Cuando empezaba a perder la esperanza, mis pasos me llevaron nuevamente hacia la frontera de las malditas tierras de la Apatía. Me frené en seco, no deseando dar un solo paso más, y contemplé el horizonte. El espanto me invadió: en lontananza pude ver con claridad su silueta. No había duda alguna de su identidad.
Olvidando toda preocupación por mí mismo, acudí veloz a su encuentro. Cuando llegué a su lado, al verla, quedé paralizado, como si hubiese recibido un violento golpe. Comprendí, lleno de pavor, que había llegado tarde: la abulia había triunfado en ella.
Hice lo único que podía hacer. Luego, con los ojos secos, me alejé, no sin antes contemplar por última vez su exquisito cadáver, aquel del que manaba abundante la misma sangre carmesí que brillaba en mi acero.
Este post era para mi blog, pero el destino hizo que no me diera cuenta y lo suba aca. hacia mucho que no colgaba nada aca, asi que es chiquito pero merecido. Un abrazo.
Pierdo el rastro del olvido c...Si es que rastro acaso tiene u.............Como sangre de alce herido a..............................Que en el bosque desvanece n........................................................Una estela hacia la nada d o..................................................................................Yo me olvido del olvido e.....................................................................Fútil ola efervescente n........................................Que a lo lejos se desploma t...........................En lo incierto de olvidarse i ...............Del haber querido algo e...No tan claro en el presente r No tan claro, no en recuerdo r....Lo que una vez yo quise a............Por querer borrar a alguien l...............................De la hoja que hoy suscribe a........................................¿Qué buscaba, quién me aclara? a............................................¿Qué buscaba, quién me dice? r e................................................El agua que las borraba n...........................De la arena, huellas hondas a..........Vuelve y huye a su guarida Quedas playa desolada ¿Lo buscaba? ¿Lo buscaba?
el mismo acto de olvidar...........................................¿Olvidarse de olvidar?
Presa de mi ensimismamiento, no reparé en él sino hasta que me dirigió la palabra, sobresaltandome. Al parecer mi ofuscación era extremadamente notoria. Estrujaba el enésimo intento cuando su voz me hizo saltar en el asiento. No lo había escuchado entrar al compartimiento: - ¿La inspiración se niega a ayudarlo? - Mmmmhhhmmm... - contesté con gran efusividad, una vez repuesto del sobresalto. Un compañero de viaje dispuesto a darme conversación era lo último que necesitaba para poder progresar con mi historia. - Pruebe escribir con esto - dijo, ofreciendome una soberbia pluma de plata y marfil, su rostro vistiendo una sonrisa enigmática. Solo entonces lo miré por primera vez. No podría describirlo, no podría ni siquiera adivinar su edad. Sin embargo, la primera impresión habia sido acertada. Pocos adjetivos mejores para referirse a él que "enigmático". Era el misterio personificado. Sin decir nada, acepté la pluma que me alcanzaba. Tal vez así lograra librarme de él. Subitamente supe clara y detalladamente lo que debía escribir. Las palabras surgían por motus propio. La pluma emprendió una carrera enloquecida, cabalgando a lo largo y ancho de las hojas, impregnandolas con su triunfo. De un tirón di vida a todo un universo. Héroes, guerreros, titanes y hechiceros desfilaron a lo largo de los capítulos. Me abstraje por completo del mundo que me rodeaba, concentradas todas mis fuerzas en poder sostener el ritmo desenfrenado que de mí demandaba el augusto instrumento. Mientras escribía tuve la certeza que aquello que brotaba con furia incontenible era una verdadera obra maestra, que trascendía todas mis capacidades y talentos. Jamás podría haber escrito ni jamás podré escribir nada así. La tarde entera transcurrió sin que de ello fuese consciente. Me disponía a enfrentar el último capítulo de ese vástago de la inspiración repentina cuando la formación aminoró la marcha. Alcé la vista por vez primera desde que había emprendido mi tarea, solo para ver a mi misterioso acompañante de pie junto a la puerta del compartimiento, aún luciendo su particular sonreir, como si hubiera estado así contemplandome todo aquel tiempo. Musitó unas palabras que no recuerdo, recuperó su pluma y descendió en la estación, dejándome sin un final para mi historia.
¿Quién te trajo acá, para que canturrees despreocupada bajo mis pies? Me grita el bocho que Leonardo, pero no deja de susurrarme con ternura el alma que fueron ellos dos, raíces de raíz, abuelos de acá y siempre. Ironía poética, de seguro; porque fue la mente de Leonardo la que te rescató del caos de lo no inventado y el corazón de mis abuelos el que nos permitió correr juntos. Me siento al pie del sauce, te miro y escribo. Sonrío y escribo. Aún siento el viento en la cara, aunque todo este quieto alrededor. Aún las piernas en quieto movimiento. Voy inquieto a la vera del camino y añoro el momento en que nuevamente descanse sobre tu espalda, moviéndose nuestras piernas y brazos entrelazados en un abrazo distante y sereno. Mano a mano nuestras manos, frías las tuyas hasta que las mías las calienten, duros tus pies hasta que los muevan los míos, confundidos en el susurro de la brisa que nosotros generamos al chocarnos con la nada, disfrutando el momento, saboreando el siempre, interrumpido cada tanto por tus suaves chasquidos. ¿Te lo dije, no? Vuelo, con vos vuelo, vuelo de una forma en que sin vos no podría volar, y sé que a vos te pasa lo mismo, que sola volar no podrías. Y al volar con vos vuela un poco también mi alma, revolotea y se acerca un poco más a su Fuente, y ya de la mano del CAPITÁN vuelven los pies a la tierra-más bien a unos centímetros de ella- y esperan el paso de las fieras de acero para poder reanudar nuestra marcha. Me da escalofríos el pensar en dejarte y verme devorado por una de ellas… Pero no, no, eso no va a suceder. Crezco con vos, a la par de tu desgaste, pero sé que no me lo reprochás, porque así como me das alas, te doy yo mente, y eso permite el nado por este mar de verde y ruta… dejarte yo, nunca… ¡y que se atrevan a intentar arrancarte de mis brazos! Dos veces lo han intentado, y sin agresión de nuestra parte han debido rendirse. Es más fuerte nuestro vuelo, es más fuerte, más que la rabia y el enojo, más… Oigo a alguien correr detrás nuestro… se acercan los pasos… qué dicha esto, vos y yo juntos… qu- -¡Eh! ¡¡¡Pará!!! Demasiado tarde. Cara había resultado su hora de ensueño. Descanso y poesía se confundían ahora con lo terrible de la pérdida.
¿Quién te arrebató de acá, para que se pierdan tus gritos desesperados a lo lejos? ¿Con qué cara presentarme a Leonardo ahora, con cuál a los nonos? No lo puedo creer… robarte a vos, tan inofensiva… Y ahí se va el otro, pedaleando furiosamente sobre su nueva adquisición.
Es un borrador, y creo que me gustaría darle más de una revisada... pero por lo menos en bruto quería compartírselos. Por ahí todavía es medio confuso. Ante la duda: -"Fisher" en google. -"Inventos de Leonardo", ídem. Si algunos de los resultados se conectan, algo habrán encontrado...
¡Más! ¡Más! ¡Más! ¿Es que no acaba nunca la sorpresa? ¿Con cuánto más vas a maravillarme? ¿Cuánta luz quiere reflejar tu espejo? ¡Más!
¡Más, siempre más! ¡Más que cualquier palabra, siempre más! ¿No se te agota eso que irradiás? ¿Tanto regalás, y todavía... todavía más?
Sin letras para decirlo, sólo más. Más que las rimas, vos, qué más Más, que lo que más rebosa mi corazón encandilado es más, más, de vos más.
Sobre la fascinación ante un alma buena... no sé si es muy bueno, pero surgió hace un rato y me pareció lindo postearlo (y darle algo de movimiento a esto). Igual tengo hace rato algo escrito que quiero subir y nunca lo pasé a la compu, apenas esté viene al blog...
Silencio redondo inunda mi alma, deseos confusos vacían mi razón, pierdo el aliento, pierdo el sentido, pierdo acción y pierdo equilibrio. Ansío lo natural como bestia mitológica, mareado por sus rodeo y sus largas miradas, y vacilando anhelo que mi cosmos la hipnotice y entienda que sin su rostro mi alma no existe. Eres musa de mis historias, de mis amores y por misterio ante ti me trasformo, en una masa sin forma que pierde identidad, y la duda es mi nombre, y mi casa es el silencio, y mi fuga es el canto. Mi paso es ascendente, tu presencia me cautiva y te escondes entre extraños, y habla de lo absurdos y abrumado enmudezco ante la negra duda que asusta mi interior. En las plazas del palacio te busco y no te encuentro, y las danzas de este juego, que confunden mi conciencia, me informan de tu ausencia, y mi pena es grande. Termina la frialdad, la noche ya no es mi enemiga, y de las palabras surgen seres de antaño, que dormidos hace vidas, siembran cambios necesarios en un jardín que pronto será mi Edén.
Me pinto una poesía para variar, porai no es lo mejor que me sale pero me gusto. Me inspiré un poco en los versos raros al estilo de "Luis Almirante Brown". Creo que expresa mucho de mi.
Y si a usted se le cayó la alegría no pierda la esperanza que algún día la encontrara no faltara oportunidad de un abrazo que robe sonrisas de un olorcito a domingo al medio día a familia y este segura que todos los días vuelve a salir el sol que las hamacas no gritan de dolor si no de la felicidad de jugar junto a la niña de trenzas de espigas amarillas como el oro de la pampa Sepa que la estaré esperando con el mate en la mano y un banquito a mis pies para que charlemos un ratito de como le fue si todavía son posibles nuestros amores de verano la invitare a pasar a mi casa que huele a jazmines que han sido cortados pensando en usted.
Murmullos que recorren el aire atiborrado murmullos que socorren al pobre desahuciado de una hiedra envolvente que lo ahoga, una soga, lo droga ese grito sofocante... pero nace ahora triunfante un silencio que habla todo.
¡Cómo mata al hombre el grito y lo asfixia en su espesor! Mas si calla en el remanso más sereno de este río brota suave y quieto un lirio que fluye corriente abajo y el silencio, fuerza viva y el más puro de los cantos nace, crece, vence al llanto...
y no hay viento que lo extinga.
Es lo quieto lo que arrasa la vorágine te ahoga la paz fuego que consume, hondo mar con la faz calma
En buen criollo, un silencio (interior) vale más que mil palabras.
Salió durante una clase de Historia (escribir es una forma práctica de mantenerte despierto, cada tanto), y si bien es corto, le falta ser laburado un poco más y no sé si está muy bueno quería compartirlo... así arrancamos a postear un poco de vuelta...
Si, ya se, no respete los colores tradicionales, pero era necesario. Les recomiendo leer lo que sigue mientras escuchan Lost in Space o The Scarecrow, ambos de Avantasia, de acuerdo a que tan rápido lean. Yo lo hice mientras lo releía, quedó interesante.
Sentado bajo un árbol, a la orilla del rio, la mirada concentrada en el tablero. Este parecía ser un juego de ajedrez, pero era infinitamente más complejo. No era capaz de decir sin en todo aquel tiempo que llevaba jugando había disputado una sola partida o varias.
Entonces, mis hombres aparecerán desde las orillas del bosque, cargando ferozmente contra las puertas de la ciudad, que no podrán resistir el ímpetu del asalto, y vencidas franquearan el paso a mis valientes. Y yo, capitán victorioso, hallaré en la torre lo que tanto busqué…
Pero no, no estoy narrando la historia como corresponde. Debería empezar por el principio.
Debo decir entonces que hace diecinueve años fui coronado rey de este mundo. Durante mi reinado estas tierras han visto tiempos difíciles, pero siempre hemos logrado sobrellevarlos. Ahora bien, el comienzo de esta historia se remonta a algunos años atrás, o tal vez, el problema existió desde siempre y yo solo lo entendí por aquel entonces. Poco importa, la cuestión es que mi reino está sumido en la oscuridad. No una oscuridad impenetrable y desesperanzadora, tangible, sino más bien la oscuridad que no es más que la falta de una luz intensa que se anime a espantarla, aquella que reina en la hora que precede al alba.
No, definitivamente no nací para narrar historias. No creo estar explicándome con claridad. Haré lo que pueda de acá en más. Prosigo: tan pronto como descubrí el mal que se extendía por mi querido mundo, supe también cual era la solución. Los profetas de mi corte extendieron su veredicto: debía encontrar una joya digna de mi reino (nada supieron detallar de su naturaleza), y cuando esta brillase altiva, engarzada en mi cetro, las sombras perecerían.
Las reglas se asemejaban a las del milenario juego, pero no eran las mismas. Su objetivo era conquistar la reina rival, y fichas perdidas podían ser recuperadas, dadas las circunstancias.
Así comenzó mi gran búsqueda. Por los confines más alejados de mis dominios, y fuera de ellos, en parajes recónditos, busqué y busqué. Muchas veces fui engañado y creí estar cerca de encontrar lo que anhelaba, o al menos saber donde se hallaba. Todo lo que por aquel entonces consideré grandes aventuras resultaron ser, a la luz de los eventos posteriores, un prefacio ingenuo de lo que tendría lugar más tarde.
Finalmente, una noche se me reveló en sueños que una esmeralda soberbia era custodiada celosamente en una fortaleza en el inhóspito Norte, el anhelado Norte. Hacía allí conduje mi ejército, hasta el extremo septentrional del mundo conocido.
Los reportes de mis exploradores afirmaban que el reducto era pequeño, pero extremadamente bien defendido. Al llegar comprobé que estaban equivocados: la plaza era prácticamente inexpugnable. Decidí no obstante asaltarla, pero no siendo un hábil general, mis órdenes fueron dubitativas, nuestros ataques timoratos. Nuestra falta de ímpetu, sin embargo, fue un factor a nuestro favor: demoramos nuestra inevitable derrota, y el asedio, que a ojos de muchos se prolongó por una eternidad, se mantuvo en pie por espacio de dos años. No hubo grandes batallas ni enfrentamientos frontales.
En un principio, solo comprometió en el ataque a sus peones, haciéndolos avanzar tímidamente. No hacía grandes progresos, pero tampoco asumía riesgos. Así se desarrolló el enfrentamiento por interminables horas.
En el ínterin, cuando nuestro patético asalto sobrevivía aún, con fútiles victorias, recibí una invitación: una pequeña aldea decía poseer lo que yo deseaba y me instaba a ir a buscarlo. Ebrio de ansiedad, olvidé nuestra ofensiva y guíe un grupo pequeño hasta el poblado. Las puertas se abrieron a mi paso, solo para cerrarse a mis espaldas poco después. Había sido vilmente traicionado, y mis enemigos cayeron sobre mí.
Súbitamente, decidió intentar un lance arriesgado, y movió rápidamente su alfil, que, orgullosamente erguido, amenazó el flanco rival. La siguiente movida de su rival le demostró que había sido un error. Jaque.
A duras penas mis tropas me salvaron del desastre, y me transportaron, herido de muchas heridas, hasta nuestro campamento en el norte. Allí, mientras sanaba lentamente, comandé una vez más el eterno ataque sin alma, y decidí que el poblado traicionero debía ser condenado al olvido.
Necesitó muchas movidas para recuperarse de su desliz. Cuando finalmente logró retornar a una posición equilibrada, continuó con su lenta carga con sus peones. El fracaso de su anterior intento lo hacía dudar.
En esa segunda etapa de nuestro ataque sobre la fortaleza nórdica, realizamos hazañas dignas de ser cantadas por bardos de tiempos por venir. A decir verdad, nuestra ofensiva no fue más decidida y realizamos pocas excursiones, pero el mero hecho de sobrevivir todo aquel tiempo, cuando nuestras chances de triunfar eran nulas, merece ser recordado.
Eventualmente, el día inexorable de nuestra derrota llegó, y ordené la retirada a quienes aún sobrevivían. No les reproché que festejaran.
Lenta, muy lentamente, fue entendiendo que esa línea de acción no lo acercaría a la victoria, y fue reuniendo el aplomo necesario para intentar un ataque por otro frente.
En el largo camino de regreso, siempre atentos de encontrar noticias de alguna otra joya comparable a la que no habíamos logrado conseguir, se fueron sumando a nuestras diezmadas filas muchos hombres, aunque no tantos como habían perecido ante el invencible fuerte.
Algunos meses después, fueron llegando a mis oídos crecientes rumores de la posible existencia de una alhaja exquisita, en una ciudad aliada del Oeste. Irónicamente, esa misma ciudad había enviado mensajeros, mientras aquella nefasta excursión al poblado traicionero, expresando que deseaban ser parte de mi Imperio. Ocupado (y herido, luego) como lo estaba, no fui capaz de dar una respuesta positiva, y menos aún de hacerme presente en la ciudad para tomar posesión, como se esperaba de mí.
Permanecieron como aliados nuestros, pero al llegar a sus puertas, pretendiendo ahora sí reclamarla para mi Corona, entendí que la oferta ya no estaba en pie. Sintiéndose despreciados, habían buscado la protección de otros feudos. A los pies de la muralla acampaban las huestes de un joven general, que aunque lejos se encontraba de estar a mi altura, era un obstáculo más a la hora de batallar.
Resuelto esta vez sí a combatir con decisión, formé mi ejército de réplicas de mí mismo. Mis hombres (no tan numerosos como antes pero más experimentados y curtidos) contemplaban la ciudad con orgullo y codicia mientras pasaba revista de mis filas. Desplegué todo mi arsenal de hechizos y colores, y a la cabeza de mis batallones comandé la gran batalla.
En un primer momento, pareció que la celosa defensa de las fuerzas del joven general prevalecería. Pero pronto el cerco de puntiagudas lanzas fue quebrado, y mis guerreros aplastaron las filas del pobre imbécil.
La balanza se inclinaba en apariencia a nuestro favor, y por primera vez la victoria se mostraba cercana. Las olas de la batalla me empujaron contra las puertas. Creí ser capaz de proyectarlas al olvido con un potente hechizo, y demasiado pronto revelé mi secreto más protegido.
Abrió su flanco izquierdo, dejando que su otro alfil se deslizase ágil por las casillas. Hizo avanzar a su Rey. Una torre menos para su rival. Jaque.
El contra hechizo fue terrible. Pulverizó impiadosamente todas mis tropas y yo caí como muerto al pie de las puertas que no habrían de abrirse.
Yací malherido perdiendo noción del tiempo. Días, tal vez semanas, se sucedieron sin que pudiese moverme. Cuando pude levantarme al fin, me alejé rengueando cabizbajo de aquel lugar. En una fugaz visión, había entendido que los rumores eran infundados.
Pronto entendí también que de alguna manera la violenta magia había afectado mis ojos. No percibía las cosas como antes y me costaba apreciar lo bello, como si un velo nublase mi visión.
Pero como si tantas jugadas prudentes hubiesen acumulado ansiedad en su interior, su ataque ahora había sido demasiado precipitado. El alfil cayó destrozado por la reina rival, la balanza se daba vuelta y ahora el jaque pesaba sobre el ejército propio.
Deambulé sin preocuparme por el rumbo por aquellos parajes occidentales y a medida que iba sanando me acompañaban en mi camino más y más guerreros. Arribé con una gran fuerza a una ciudadela bonita y sencilla que, para mi sorpresa, no conocía, a pesar de que las tierras occidentales no solían tener secretos para mí. El camino en aquellos lugares se abría paso a través del bosque a base de contradicciones e, indeciso, daba uno y mil rodeos. Así, aunque habíamos peregrinado por varios meses, sospechaba que, a vuelo de cuervo, aquella ciudadela no distaba mucho del emplazamiento de mi última derrota.
Cuando aún no estábamos a tiro de piedra de las murallas, a través de las arboles vi una suave luz, a través de una ventana de la torre.
Solo él supo siempre de donde provenía. Aquella noche de domingo la vio caer en silencio desde el firmamento. Difícil es decir como reparó en su caída, tan discreta y elegante como fue.
Al tocar tierra sus ojos lo encontraron, y con una sonrisa única pareció invitarlo a seguirla. Intentó con todas sus fuerzas rechazar esa invitación. La sensatez le decía que era peligroso aceptar.
Vanos, vanos en verdad fueron sus esfuerzos. Una fuerza abrumadoramente más poderosa que su voluntad parecía arrastrarlo hacia ella, y debió contentarse con refrenar sus pasos, tratar de avanzar con prudencia.
Acampamos bajo el refugio de los últimos arboles del bosque. Algo en esa ciudadela despertaba mi curiosidad, y decidí que aquel sería tan buen lugar como cualquier otro para recuperar mis fuerzas y esperar novedades. Con ese último fin envié espías a todos los puntos cardinales.
Esperé algunas semanas su regreso, y mientras tanto fui conociendo los secretos de aquella plaza. Supe pronto que estaba gobernada por una bellísima dama, a quien solo veía cuando salía a saludar, una o dos veces, cada fase de la luna. Cada vez que lo hacía sentía por ella una simpatía mayor.
La persecución se prolongó semanas tras días. Sus primeros pasos fueron lentos y dubitativos. Atravesaron una simpática pradera verde, similar a tantas otras que había recorrido, y aún así diferente. Algo intangible la hacía única, pero era tan sutil la diferencia que solo reparó en ella al volver la vista atrás, tiempo más tarde.
Mientras recorrían ese tramo del camino el aún creía ser capaz de contener la fuerza que le arrastraba, y pensaba también que la razón de su travesía se encontraba en la mera curiosidad. Ella, a veces cercana, a veces distante, caminaba ingrávida, libre de preocupaciones, casi ajena a lo que la rodeaba. Cuando ocasionalmente se daba vuelta y lo veía, parecía sorprenderse, y lo alentaba a seguirla con esa sonrisa sin par, obligándolo, inconscientemente, a apresurar el paso.
También pronto entendí que emisarios de varios reinos menores subordinados al mío intentaban por subterfugios persuadir a la Dama, buscando controlar sus dominios. Si bien esa línea de conducta no me agradó, no podía oponerme a quienes eran mis aliados.
Tampoco parecía ella darse cuenta de la negra nube que iba cobrando forma, revelándose como una bandada de cuervos de oscuras alas que se desplazaba a su alrededor. Él tampoco les dio mayor entidad.
El paisaje fue cambiando bajo sus pies, y descubrió que sin darse cuenta, escalaban ahora una admirable montaña. Grande fue su sorpresa al escucharse a sí mismo cantando, cantando a la belleza del objeto de su persecución. Ya por aquel entonces no lograba olvidarse de su empresa ni siquiera por las noches y el recuerdo de su sonrisa se hacía presente a todas horas. También por aquel entonces entendió que la presencia de la negra bandada lo irritaba, y apretó aún más el paso, dispuesto a ahuyentarlos.
Así pasó el tiempo, sin nuevas de mis espías. Una noche, sin embargo, la blanca Dama se hizo presente, y permaneció a la vista esta vez tres días enteros. El hechizo que pesaba sobre mis ojos desde el episodio de las puertas se desvaneció, y el velo fue rasgado, o tal vez un conjuro más potente me dominaba. En todo caso, se reveló ante mí bajo una nueva luz. Más bien, toda ella parecía vestida de luz. Su tez nívea brillaba con calidez, y sus ojos centelleaban como el reflejo de la luna sobre el agua calma.
Lenta y gradualmente el relieve fue cambiando una vez más y ante ellos se fue presentando un bosque espinoso, cubierto por un velo espeso de niebla. Allí ella se detuvo por fin, los ojos de él parecieron abrirse, y pudo contemplarla, admirarla en todo su esplendor por vez primera. Vestía su color preferido, erguida con el porte de una hija de reyes. Ninguna joya del mundo puede compararse con el brillo de una estrella, y aún consciente de su falta de originalidad, se dijo a sí mismo que de la misma manera ni el oro más fino que se conozca podía compararse con el de sus cabellos. Sus ojos refulgían destellos de azul regocijo, y él descubrió que ninguna palabra le podría hacer justicia a su deslumbrante sonrisa.
Se supo perdido. Ignorarla ya no era opción, sabía que estaba condenado a no poder olvidarla.
Hipnotizado, comprendí que Ella era una maravilla por encima de las joyas de la tierra. Ordené a mis tropas que se preparasen, y me recosté contra un árbol, mis ojos fijos en Ella.
Suspiró, y de dispuso a reordenar su tambaleante posición. Esta vez lo hizo con más eficacia, y aunque en su intento anterior no había logrado abrir una brecha en las defensas enemigas, no dudaba más.
Mis legiones se formaron en silencio. Sin romper ese silencio se arrojaron con valentía contra las murallas de la ciudadela. Con desesperación, contemplé como se estrellaban como una ola furiosa contra un precipicio rocoso, sin hacerle daño alguno. Mis filas fueron destrozadas, era el final antes del verdadero principio.
Desperté agitado, aún al pie de aquel árbol. Había sido una advertencia: el ataque frontal, al menos por ahora, era inútil. Sería una batalla difícil y delicada, un mínimo error podía ser fatal. Sin embargo, las derrotas vergonzosas del pasado no habían sido estériles. Soy ahora un general más sabio y astuto.
Comandé que las tropas permaneciesen ocultas en el bosque circundante. Estableceríamos un sitio paciente, al amparo de los arboles, y realizaríamos pequeñas y calculadas excursiones buscando desgastar las defensas, y recordar nuestra presencia a los defensores, sembrando la duda en sus corazones.
Se vio tentado a reclamarla para sí, a lograr que su luz fuese suya y de nadie más. Nadie la apreciará como él, se decía a sí mismo. Pero el sentido común le decía otra cosa, lo atosigaba con interrogantes. ¿Se puede impedir que una estrella sea contemplada por muchos, aunque no la admiren como uno? ¿Es legítimo que alguien se adueñe de su brillo?
“¡Por supuesto que es legítimo!”, respondía su lado egoísta. “¡Yo la vi primero, solo yo entiendo su verdadero valor!” “Y aún así… ¿te está permitido? ¿Vale que te distraigas persiguiéndola, a pesar de tus responsabilidades?”. Llegado a este punto, su costado insensato permanecía en silencio.
“¡La merezco más que nadie!”, exclamaba luego, a falta de una mejor respuesta. “¿Existe hombre alguno que merezca el favor de una estrella? ¿No deberías olvidarla?” Y así, en esas líneas, el dialogo se iba eternizando, repitiéndose una y otra vez los mismos argumentos.
Sufrió en silencio mientras su mirada permanecía fija en ella, la incertidumbre desgastándolo de a poco.
Preparó para un nuevo ataque a todas sus fuerzas. En su mente aguda imaginó las siguientes movidas: involucraría todos sus recursos en el ataque, sin descuidar la defensa; en lugar de concentrarse ciegamente en la Reina rival iría enfocándose una por una en las fichas que la defendían; y solo cuando el golpe final fuese inminente arriesgaría a su Rey. Imaginaba detalladamente los movimientos a efectuar.
Empero, cuando no llevábamos más de una semana de esta rutina, mi mente ya se encontraba inquieta. No dudo que la estrategia sea inteligente, pero soy un ser por naturaleza impaciente. El tiempo empleado esperando se me hace tiempo perdido. Además no tengo la certeza de que retener mi ejército en un asedio que puede prolongarse indefinidamente sea lo correcto. Deben cumplir otras responsabilidades, también. Como si fuera poco, no sé que pensaran mis aliados si triunfo. Es verdad, mis espías me han revelado que esos intentos de conquista los realizan en diversas ciudades, buscando que alguna, cualquiera, caiga bajo sus engaños. Sé entonces que el interés por la pequeña ciudadela no es genuino, pero aún así pienso que se sentirán engañados si prevalezco donde ellos fracasaron. Cuánta razón tienen quienes dicen que la vida es un complicado juego de ajedrez.
De todas maneras, él sabía que sus dudas eran estériles, sus maquinaciones vanas. Ella, y sólo ella podía decidir a quién iluminar con su luz, y él solo podía hacer su mayor esfuerzo por ganarse su favor. Se dispuso entonces a obrar de esa manera. La lucha dependería de él. La victoria o la derrota, no.
En cuanto al final de esta historia, solo puedo imaginarlo. Tal vez sea derrotado sin siquiera intentar el asalto final. Tal vez ese asalto sea innecesario, y la ciudadela nos franquee el paso de buen grado. El desenlace que más imagino, sin embargo, es uno solo. Mis hombres y yo, una vez que el desgaste allá tenido efecto, atacaremos con bravía y lucharemos con ardor, las murallas no podrán detenernos, y al pie de la torre encontraré, sonriente, lo que busqué tanto tiempo.
No puedo predecir el final de la batalla, no, pero sí estoy seguro que si triunfo demostraré que los profetas estaban equivocados. Ella, la blanca Dama, princesa del Oeste, destruirá la tristeza que nace de un trono vacio, y con Ella a mi lado como reina de mi mundo, las tinieblas desaparecerán en el olvido.
Sonrió. Sí, era una buena estrategia. Adelantó su mano, tomó su ficha, y comenzó su juego…
Un juego de ajedrez, una persecución, y las invenciones épicas del perseguidor. O tal vez una historia épica, y los relatos metafóricos de su protagonista. O incluso... bue, interpreto que entienden la idea...
En fin, tres relatos que hablan de una misma búsqueda. Es una historia inconclusa, porque mi búsqueda también lo es.